
Feria este domingo

Los esperamos,
es muy importante para nosotros que nos acompañen.
En la semana sale el cronograma.
larevistabicicletista@hotmail.com
Centro de distribución Bicicletista en Lima.

Interrumpimos estas Crónicas de viaje para anunciar los Centros de distribución que quedaron a cargo de la entrega de fanzines en Lima, Perú.
Galerias Brasil, Jesús Maria.
*Lullaby la tienda. Segundo piso.
*Enigma Discos. Segundo piso local 63.
*Face Donw. Segudo piso local 16.
Miraflores
*Contracultura, Larco 986
*La Pulga tienda, Berlín 290
Además de "La revista Bicicletista" podrán encontrar los siguientes fanzines:
*Book Bourning
*Eh
*Fotosensible
*Mas naufragos que navegantes
Galerias Brasil, Jesús Maria.
*Lullaby la tienda. Segundo piso.
*Enigma Discos. Segundo piso local 63.
*Face Donw. Segudo piso local 16.
Miraflores
*Contracultura, Larco 986
*La Pulga tienda, Berlín 290
Además de "La revista Bicicletista" podrán encontrar los siguientes fanzines:
*Book Bourning
*Eh
*Fotosensible
*Mas naufragos que navegantes
Salú, y la calle es nuestra!
Bienvenidos a Lima

Próxima crónica: Transito limeño.
El transito en Lima es el claro ejemplo de la ley de la selva: el más grande se come al más chico, el más fuerte gana al más débil. Ya por el 1992 se hablaba entre los ciudadanos de un ¨caos vehicular¨ que venía netamente aparentado con lo social, un verdadero quilombo por una falta total de respeto hacia las leyes y el prójimo.
Ahora, sepamos que Lima cuenta con una población de 7.605.742 habitantes si contar los del Callao, imaginemos esta cantidad de personas habitando las calles con un descarado libertinaje y una falta de conciencia y educación abismales. Conducen como quieren, cruzan como quieren, pasan por donde quieren y hacen lo que quieren sin percato ni culpabilidad. Un desinterés relajado ante la situación tensa que no se sabe a ciencia cierta si esta pasando por mal aprendizaje, por mala educación o por el combo explosivo que gana su puesto en el top five de las ciudades mas contaminadas de Latinoamérica.
Se delatan miles de causas al respecto, como que las paradas de colectivos, combis, cousters y taxis no son respetadas, como que los comerciantes que ocupan las calles y no ayudan al orden y el espacio que necesitan los peatones o que las entidades municipales no se encargan de una buena campaña de aprendizaje.
Pero el gran problema, creo yo, es que la gente vive en este caos con una total naturalidad, lo tienen asimilado como algo normal y de todos los días, encontrarse dentro del ruido y el peligro como algo que nació con ellos y porque siempre fue así, punto.
La policía de Lima informa que el 70 % de accidentes de transito con consecuencias fatales es producido por peatones imprudentes.
Ahora veamos y demosnos cuenta que también como se va formando esta bola de nieve que cae por la colina, en 1990 una gran ola de desempleo ataca a la ciudad, como el medio de transporte no esta formalmente organizado, miles de desempleados se zambullen en la solución del transporte publico para salvar su estómago y el de la flia numerosa. Estos nuevos transportistas y estos miles de peatones comienzan a sufrir serias patologías como el stress, alcoholismo e impulsividad (¿impulsividad!) entre otros que afectan su conducta vial. Esto pasa por una sobre oferta del transporte que ha su vez se origina sobre las horas de trabajo que varían entre diez y doce horas. Se trabaja en condiciones difíciles y de alta competitividad que lleva a una carrera enloquecida por el recojo de pasajeros.Así que aquí les presento a Lima, pueden ir teniendo una leve idea del papel que juega el bicicletista acá, de la personalidad del bicicletista de Lima, ciudad de Reyes, como fue sugerida alguna vez.
El transito en Lima es el claro ejemplo de la ley de la selva: el más grande se come al más chico, el más fuerte gana al más débil. Ya por el 1992 se hablaba entre los ciudadanos de un ¨caos vehicular¨ que venía netamente aparentado con lo social, un verdadero quilombo por una falta total de respeto hacia las leyes y el prójimo.
Ahora, sepamos que Lima cuenta con una población de 7.605.742 habitantes si contar los del Callao, imaginemos esta cantidad de personas habitando las calles con un descarado libertinaje y una falta de conciencia y educación abismales. Conducen como quieren, cruzan como quieren, pasan por donde quieren y hacen lo que quieren sin percato ni culpabilidad. Un desinterés relajado ante la situación tensa que no se sabe a ciencia cierta si esta pasando por mal aprendizaje, por mala educación o por el combo explosivo que gana su puesto en el top five de las ciudades mas contaminadas de Latinoamérica.
Se delatan miles de causas al respecto, como que las paradas de colectivos, combis, cousters y taxis no son respetadas, como que los comerciantes que ocupan las calles y no ayudan al orden y el espacio que necesitan los peatones o que las entidades municipales no se encargan de una buena campaña de aprendizaje.
Pero el gran problema, creo yo, es que la gente vive en este caos con una total naturalidad, lo tienen asimilado como algo normal y de todos los días, encontrarse dentro del ruido y el peligro como algo que nació con ellos y porque siempre fue así, punto.
La policía de Lima informa que el 70 % de accidentes de transito con consecuencias fatales es producido por peatones imprudentes.
Ahora veamos y demosnos cuenta que también como se va formando esta bola de nieve que cae por la colina, en 1990 una gran ola de desempleo ataca a la ciudad, como el medio de transporte no esta formalmente organizado, miles de desempleados se zambullen en la solución del transporte publico para salvar su estómago y el de la flia numerosa. Estos nuevos transportistas y estos miles de peatones comienzan a sufrir serias patologías como el stress, alcoholismo e impulsividad (¿impulsividad!) entre otros que afectan su conducta vial. Esto pasa por una sobre oferta del transporte que ha su vez se origina sobre las horas de trabajo que varían entre diez y doce horas. Se trabaja en condiciones difíciles y de alta competitividad que lleva a una carrera enloquecida por el recojo de pasajeros.Así que aquí les presento a Lima, pueden ir teniendo una leve idea del papel que juega el bicicletista acá, de la personalidad del bicicletista de Lima, ciudad de Reyes, como fue sugerida alguna vez.
Es una obviedad que la editorial se estrelló feliz sobre la ciudad inundada de transito y no paró de pedalear hasta que encontró el mar.
Aguante la bici en donde sea, la calle es nuestra!
Crónicas bicicletistas de Cusco, la bicicleta turística.

Déjenme advertirles que Cuzco, capital histórica del Perú, es un lugar especial para conocer en cualquiera de sus aspectos. La Roma de las Américas, como se le ha llamado varias veces, le abre los brazos al turismo con un bicicletismo bastante mediocre. No quiero que me interpreten mal, digo mediocre en sentido de calidad media. Los nativos de Cusco no andan en bicicleta, las versiones afirman que es por las calles angostas, empedradas, empinadas y los 3.399 msnm que su altitud delata. A decir verdad, parece acertada, aun así, no se data empericidad conocida al paradigma.
El turismo en este nombrado Patrimonio de la Humanidad parece haberlo abarcado todo. Las bicis no han sido la excepción y parecen usarse solo para dicho fin. Lo curioso de estos alquileres es que todas las bicis son exactamente iguales: Bicicleta marca SCOTT USA aluminio 614 modelo Cross country, suspensión RST, frenos de Disco, accesorios SHIMANO, pero esto no es todo, las exponen en las puertas del local de venta turística y para que no las roben les sacan el sillín. Este novedoso método siempre fue como una leyenda que muy pocos hemos sido dignos de observar.
Respecto a las afueras de la ciudad se observan dos fenómenos del bicicletismo: primos y triciclistas. Los primos hacen flat en los semáforos y pasan la gorra, y los triciclistas son vendedores ambulantes de helados y de frutas y verduras. A veces llevan un poste arriba del manubrio que finaliza con un altavoz de donde sale una voz chillona y reiterativa detallando la rica mercancía que lleva.
Demás está decir que si una chola te vé sacandole fotos te caga a palos.
PRÓXIMA CRÓNICA BICICLETISTA: LIMA, BIENVENIDOS A LA JUNGLA
Crónicas bicicletistas de la Isla del Sol, tracción animal.

La Isla del Sol: un pedazo de montaña que salió para el afuera de las aguas azules y heladas del Titicaca. Al descender de la lancha, un muelle muestra la pequeña y empinada isla en donde párese no haber nada, sin embargo cuando uno va subiendo encuentra un barrio de algunos 500 habitantes. Tiene una longitud de 9,6 km por 4,6 km de ancho y una superficie de 14,3 km². Es la isla más grande del lago, enfrente, la “Isla de la Luna” se muestra inalcanzable para turistas, los habitantes no los permiten.
Su forma de “montaña” dificulta por completo la utilización de algún medio de transporte, presenta un relieve formado por terrazas debido al cultivo que se realiza desde la época de los Incas.
Entonces me pregunto que clase de sociedad puede convivir sin medios de transporte, si en verdad, una sociedad constituida como tal puede obviar el asunto del vehículo en sus vidas, manejarse solos, sin ninguna herramienta, y así es que pude observar cuando subía al poblado isleño que dichos individuos llevan sus cargas en burros, que hay senderos especiales y formados por el paso diario durante muchos años en donde burros y pobladores suben y bajan, como si fueran calles, puentes, avenidas, y transito pasando.
Ni hablar siquiera de bicicletas, tracción humana y animal. Ahora, una isla en donde la única forma de medio de transporte son los burros mucho da para pensar.
La isla está poblada por indígenas de origen quechua y aymara, dedicados a la agricultura, el turismo, artesanía y el pastoreo. Hablan las lenguas ancestrales, el quechua y aymara, algunitos el español.
A la noche, cuando cae lo oscuro, ninguno de los ruidos del lugar se parecen al de una ciudad.
Su forma de “montaña” dificulta por completo la utilización de algún medio de transporte, presenta un relieve formado por terrazas debido al cultivo que se realiza desde la época de los Incas.
Entonces me pregunto que clase de sociedad puede convivir sin medios de transporte, si en verdad, una sociedad constituida como tal puede obviar el asunto del vehículo en sus vidas, manejarse solos, sin ninguna herramienta, y así es que pude observar cuando subía al poblado isleño que dichos individuos llevan sus cargas en burros, que hay senderos especiales y formados por el paso diario durante muchos años en donde burros y pobladores suben y bajan, como si fueran calles, puentes, avenidas, y transito pasando.
Ni hablar siquiera de bicicletas, tracción humana y animal. Ahora, una isla en donde la única forma de medio de transporte son los burros mucho da para pensar.
La isla está poblada por indígenas de origen quechua y aymara, dedicados a la agricultura, el turismo, artesanía y el pastoreo. Hablan las lenguas ancestrales, el quechua y aymara, algunitos el español.
A la noche, cuando cae lo oscuro, ninguno de los ruidos del lugar se parecen al de una ciudad.
Prósima crónica: Cuzco.
Crónicas bicicletistas de Copacabana, pueblo fantasma.
Cero bicicletismo.
Esta ciudad es la principal localidad ribereña del lago Titicaca. Del otro lado del agua se ven algunas montañas que delatan pueblos peruanos cuando llega la noche y se encienden como cachos de brillantina pegados a las rocas ancestrales. De los seis mil habitantes que hay, déjenme decirle, que solo vi un puñado que no pasaba las cincuenta personas, este lugar parece preparado sólo para el turismo, y peor aún para un turismo poco interesado en bicicletas.
Quien haya visto la película del exótico director Hayao Miyazaki, “El viaje de Chihiro” podría sentirse ahí mismo cuando la familia llega al pueblo preparado para miles de personas con nada de personas, las cholas gritando como si las calles estarían repletas ¨pescado fresco señora, pase mami, pase por aquí¨
Hay hostales, hoteles y pensiones de toda clase, restaurantes de muchas estrellas, cacillas, puestos, kioscos, cibers y almacenes. Los hay varios de todos estos por cada cuadra, más que casas, más que nativos, más que turistas. Una verdadera ciudad fantasma, por las calles vacías un que otro porcino o equino esperan a ser desatados de su boya por algún dueño misterioso, en los bares -que no se sabe a ciencia cierta si están abiertos o cerrados- dos gringos se toman una cerveza despacio y el lago Titi-Caca espera con sus hijas lanchas a que alguien se adentre a las aguas espesas y azules.
Recuerdo ocho años atrás cuando todos hablaban de una Copacabana juerguera, de plata fácil, de drogas buenas y sexo desenfrenado. Al llegar, con las maletas llenas de fanzines, me sentí en el post apocalipsis de apogeo del que tanto me habían hablado, del que tanto me habían ofrecido, y, realmente no sentí tristeza, ni desilusión aunque sea… siento que mi generación entera ha llegado tarde, tal vez porque seamos la generación encargada de llegar tarde.
Cuando me senté a orillas del lago divisé dos bicicletas, ambas de paseo, una rodado veintiseis y otra veintiocho y medio piloteadas por niños. Sólo dos bicicletas, nada más, recorrí todas las calles de esta ciudad, no estaba ni Casper, aunque debo admitir… el paisaje estaba tan desolado… No sabría decirles si fue una alucinación bicicletista o si, entre aquellos fantasmas de la temporada alta y la gloriosa época de alguna vez, hayan quedado dos bicis patrullando la Copacabana que alguna vez estuvo vestida de turistas y fiestas patronales.
Esta ciudad es la principal localidad ribereña del lago Titicaca. Del otro lado del agua se ven algunas montañas que delatan pueblos peruanos cuando llega la noche y se encienden como cachos de brillantina pegados a las rocas ancestrales. De los seis mil habitantes que hay, déjenme decirle, que solo vi un puñado que no pasaba las cincuenta personas, este lugar parece preparado sólo para el turismo, y peor aún para un turismo poco interesado en bicicletas.
Quien haya visto la película del exótico director Hayao Miyazaki, “El viaje de Chihiro” podría sentirse ahí mismo cuando la familia llega al pueblo preparado para miles de personas con nada de personas, las cholas gritando como si las calles estarían repletas ¨pescado fresco señora, pase mami, pase por aquí¨
Hay hostales, hoteles y pensiones de toda clase, restaurantes de muchas estrellas, cacillas, puestos, kioscos, cibers y almacenes. Los hay varios de todos estos por cada cuadra, más que casas, más que nativos, más que turistas. Una verdadera ciudad fantasma, por las calles vacías un que otro porcino o equino esperan a ser desatados de su boya por algún dueño misterioso, en los bares -que no se sabe a ciencia cierta si están abiertos o cerrados- dos gringos se toman una cerveza despacio y el lago Titi-Caca espera con sus hijas lanchas a que alguien se adentre a las aguas espesas y azules.
Recuerdo ocho años atrás cuando todos hablaban de una Copacabana juerguera, de plata fácil, de drogas buenas y sexo desenfrenado. Al llegar, con las maletas llenas de fanzines, me sentí en el post apocalipsis de apogeo del que tanto me habían hablado, del que tanto me habían ofrecido, y, realmente no sentí tristeza, ni desilusión aunque sea… siento que mi generación entera ha llegado tarde, tal vez porque seamos la generación encargada de llegar tarde.
Cuando me senté a orillas del lago divisé dos bicicletas, ambas de paseo, una rodado veintiseis y otra veintiocho y medio piloteadas por niños. Sólo dos bicicletas, nada más, recorrí todas las calles de esta ciudad, no estaba ni Casper, aunque debo admitir… el paisaje estaba tan desolado… No sabría decirles si fue una alucinación bicicletista o si, entre aquellos fantasmas de la temporada alta y la gloriosa época de alguna vez, hayan quedado dos bicis patrullando la Copacabana que alguna vez estuvo vestida de turistas y fiestas patronales.
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